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Moros y Cristianos de Murcia mesnada Jaime I el Conquistador
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JOSÉ SOLER
CORVERA, MURCIA
Ip guardada Mozilla/4.0 (compatible; MSIE 8.0; Windows NT 6.0; Trident/4.0; GTB7.1 dramaturgio@gmail.com
28 de Agosto del 2011 - 02:04:24
ALEJAMIENTO ENTRE LA GENTE QUE LUCHA POR SU TIERRA, DE LOS CONQUISTADORES. MÚSICA: BSO EL REY ARTURO DURACIÓN: 10 MINUTOS ESTILO: ÉPICA FANTÁSTICA EN VERSO LIBRE. Y HAGO QUE EL PÚBLICO PARTICIPE. "UNA BATALLA DE LEYENDA" Todos los monumentos que en las grandes ciudades se observan fueron protegidos cientos de años atrás con la vida de hombres y de jóvenes, valientes caballeros todos ellos que lucharon con honor, no solo por las edificaciones y los símbolos, sino también por sus familias y por ellos mismos. Pero esta historia que ahora cuento es especial porque con ella quiero prestar un homenaje a los caballeros que lucharon en una gran batalla para proteger sus tierras, su gente y su ciudad. Porque antes de un largo periodo de paz, hubo una época mucho más larga de sangrientas guerras. De odio. De sufrimiento. Y de muerte. Ni siquiera a los niños se les permitía sonreír en aquellos tiempos de tanta barbarie. Los cementerios eran tan grandes como las ciudades; las ciudades tan tristes como los cementerios y las enfermedades tan crueles como el propio enemigo. Un día aparentemente tranquilo llegó un mensajero muy alborotado pidiendo audiencia por los nobles de la ciudad; pronto le atendieron y supieron lo que se avecinaba. Un gran número de invasores estaban acampados a solo dos días de la ciudad. Los nobles, temerosos por la noticia, corrieron rápidamente la voz por toda la comarca pidiendo el apoyo de todo ciudadano capaz de levantar una espada. Pero viendo que no serian suficientes buscaron ayuda en otras comarcas, pues todas correrían la misma suerte. Antes del anochecer otro emisario llegó, pero éste era enemigo. El mensajero extranjero les exigió que se rindieran. Pero los nobles de la ciudad rechazaron la propuesta con firmeza. El emisario enemigo regreso con los suyos. Sorprendidos por la precipitada decisión y preparados para la batalla, los enemigos de la paz aguardaron con impaciencia la llegada del nuevo día. La noche seria la calma que precedería el inicio de la gran batalla. Antes del amanecer todas las comarcas habían sido avisadas y miles de hombres de los alrededores se presentaron en la ciudad. Aun así eran muy pocos, pues un espía calculo que el enemigo podía contar con más de cincuenta mil soldados. Era una hazaña imposible. Pero en cuanto amaneció decidieron partir hacia la batalla, eran apenas treinta mil jinetes, pero antes de cruzar el lago azul, decenas de miles venidos de todas las comarcas cercanas fueron rellenando el flanco izquierdo y derecho. Setenta mil caballeros cabalgaban ahora hasta su destino, no solo querían proteger sus tierras y su gente, también querían vengar la muerte de sus seres queridos en otras batallas. Padres que perdieron a sus hijos. Jóvenes que perdieron a sus padres, a sus hermanos y que en vez de ahogarse en el dolor, lo vencieron luchando cada día como si fuera el último para estar presentes en esta batalla. Cientos de estos jinetes eran adolescentes todavía, probablemente muchos de ellos no volverían a ver a sus madres jamás. Muchos más eran padres que no regresarían junto a sus mujeres e hijos. El miedo a no volver por donde vinieron les hacia cabalgar temerosos mirándose los unos a los otros. Pero todo cambio cuando coronaron el alto de los buitres. Miles de leales voluntarios, muchos de ellos valientes caballeros se habían estado incorporando durante todo el camino, más de cien mil jinetes cabalgaban ahora cada vez más veloces hacia su destino. Ninguna guerra es justa, pero todos ellos sentían que debían de luchar por una causa más justa que su propia vida. Ya solo las llanuras de la Sierra Blanca les separaba del campo de batalla y cuando las superaron se detuvieron. En el horizonte se podían divisar las legiones enemigas. Los himnos de guerra sonaron en el gran valle de los héroes. La fría y espesa niebla con la que había amanecido el día se levantó como si tuviera vida propia. Y dejó caer un sol de justicia sobre miles de hombres que sabían que no volverían a ver otro día como aquel. Ante la fría e inquietante mirada de todos los allí presentes, los altos mandos comenzaron a cabalgar. Seguidos de sus caballeros; cada vez más rápido, con más ímpetu, con más energía, con más… con más esperanza. Los más rápidos crearon un poderoso frente en las primeras líneas de batalla. El estruendo de todos los caballos parecía crear una música celestial. Lágrimas resbalaban por sus mejillas pero no por miedo, sino por el orgullo que sentían al luchar en aquella gran batalla. Batalla que sería recordada miles de años después en libros y en teatros. En cuanto vieron avanzar al enemigo, aceleraron el paso, y desenvainaron todos sus espadas creando un reflejo con el sol que encandilaba al enemigo. Sólo con esta victoria se podría conseguir la estabilidad en todo el reino durante siglos, después de más de cien años de cruel lucha contra muchos enemigos. Con la cabeza bien alta y ahora más preparados para la batalla levantaron todos sus espadas al cielo, y gritaron: “¡honor!, ¡honor!, ¡honor!” Los invasores no eran cincuenta mil como pensaban, sino más de doscientos mil, pero ante la gran avalancha de valientes caballeros tras el primer choque de espadas los enemigos se retiraron de la batalla; pues nunca lucha más con el corazón, un invasor por una tierra extraña; que un caballero por la gente que quiere y por su propia tierra. FIN OBJETIVO: REALIZARLO EN LA CENA MEDIEVAL DEL PRÓXIMO VIERNES 2 DE SEPTIEMBRE DE 2011. LLEVARÍA TRAJE DE JUGLAR. MUCHAS GRACIAS. UN CORDIAL SALUDO
Ángel
Murcia
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20 de Enero del 2011 - 06:46:41
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